Adáptate, se flexible y aprende permanentemente

La semana pasada leyendo una entrevista de la nobel de Química Frances Arnold me sorprendí con las palabras que dirigiría a los jóvenes. “Adáptate, se flexible y aprende permanentemente”, en la entrevista hacía referencia a la importancia de la predisposición al cambio.

El artículo llamó mi atención porque curiosamente hacía ya unas semanas que quería escribir sobre el cambio y su relevancia en la toma de decisiones, en la autoestima y en la resiliencia.

Personalmente veo el cambio como una oportunidad, la oportunidad de volver a sentir como si fuera la primera vez, la oportunidad de crear algo nuevo, fresco, que tampoco implica que vaya a ser mejor de lo que ya se tiene pero sí va a abrir una puerta que antes no estaba.

Me gusta el cambio, necesito el cambio, me cuesta hacer dos veces las cosas exactamente igual, con frecuencia me invade ese impulso de querer introducir una variación por mínima que esta sea para comprobar que efecto produce.

En cualquier momento, en cada paso que uno da puede hacer variaciones y poner a prueba su estado de alerta y disposición a la par que se ejercita el aspecto creativo.

Mantener la mente abierta a la posibilidad de cambiar te predispone a manejar con menor desgaste aquellas situaciones de la vida imprevistas pero probables. Siempre puede ocurrir que un día llegues al trabajo y te encuentres con un cambio sustancial con el que no contabas; nuevo jefe, nueva política de empresa, un cambio de puesto imprevisto e incluso inexplicable y que esto te lleve a un estado de desconcierto, de desamparo. Llevar una vida abierta a las variaciones no va a hacer que la sorpresa sea menor o que la incertidumbre desaparezca pero sí va a influir en el shock que esa situación inesperada pueda producir en tu autoestima a corto y largo lazo. Empieza a incorporar cambios en tus pequeñas actividades cotidianas, mantente abierto a la posibilidad de cambiar los vasos de estante solo porque sí, ve al trabajo por rutas distintas, siéntate a tomar un café en una terracita cuando te apetezca y deja de buscar el momento más adecuado para algo tan simple y placentero. Ponle kiwi a la ensalada, no porque lo hayas visto en la receta del día del periódico sino porque mientras preparabas la ensalada el kiwi estaba ahí.

Usa tu entorno, explota tus recursos y disfrútalos.

Me preocupa cuando la mirada de un chico de 25 años me transmite que su vida ya está sentenciada, que se ve con esa pareja, con ese trabajo o en ese lugar para siempre y que además no siente la necesidad de cambiarlo ni confía en sus capacidades para ello. No es que la vida tenga que ser una montaña rusa en la que creas que vas a conseguir cualquier cosa que te propongas. Nada mas lejos de la realidad, vivir la vida de verdad no es fácil, ser curioso no es sencillo, luchar por lo que quieres cansa pero mantener la mente sana y alerta te da recursos ilimitados para mantener tus propósitos a flote e incluso para tenerlos.

Mantener la curiosidad te permite contemplar posibilidades que en otras circunstancias no se darían.

No te bañas dos veces en el mismo río, ¿cierto?. Nunca sientes lo mismo en un primer beso, la misma tortilla no te sabe igual si la comes recién hecha o dos horas después porque ni la tortilla ni tú sois los mismos en momentos distintos, tus necesidades son únicas cada vez.

We don’t make mistakes… 

…do variations. Thinking In Yellow