¿Cuánto de sociales hemos perdido por el camino?

Leyendo el libro Sapiens, de Yuval Noah Harari, me he encontrado con algunos pasajes que me han hecho reflexionar sobre cuánto de seres sociales hemos perdido por el camino.

Por el camino de la historia y por nuestro propio camino personal.

Siempre ha habido culturas más individualistas y culturas más colectivas, ¿pero en qué momento histórico cultural estamos ahora? ¿podemos seguir haciendo esta clasificación de culturas individualistas y colectivas?, ¿o el cambio de hábitos sociales está pidiendo una tercera clasificación?. Actualmente viajamos más, pasamos temporadas en otros países y emigramos con mayor frecuencia, lo que lleva a conocer y a implicarse en otras culturas que pueden ser más o menos individualistas o colectivas que la nuestra. ¿Cuál es la tendencia que acaba primando en nosotros?, ¿aumentar la implicación social o responder con un paso atrás cuando alguien o un grupo social nos pide colaboración?.

En uno de los pasajes de este libro el autor hace referencia a que en la edad media no existían las habitaciones individuales, los hijos de los nobles compartían estancias con el resto de jóvenes y compara este hecho con la disposición actual a habitar casas con la cantidad de habitaciones suficientes como para que cada miembro de la familia pueda disfrutar de su intimidad.

¿Te imaginas convivir con tu familia o amigos en una casa sin habitaciones individuales?.
Pues yo he intentado imaginármelo y no he sido capaz de verlo claro. Soy una persona extrovertida, me gusta pasar tiempo con gente, preferiblemente con gente que me gusta, por mi profesión paso mucho tiempo en contacto con otros y me encanta, pero cuando tengo la oportunidad busco mi soledad, que también disfruto de ella, ese tiempo a solas me da la oportunidad de recargarme.
¿Necesito realmente aislarme para recuperar energías?, ¿esta necesidad está ligada a mi personalidad o mis experiencias vitales, mi cultura o el entorno en el que me he desarrollado me han “hecho” así?.
Sigo reflexionando sobre sí esa necesidad mía de tener que reponer energías en soledad es propia de una cultura individualista o consecuencia de la cultura colectiva en la que habito, o tal vez es una cultura individualista disfrazada de colectiva. Lo que si tengo claro es que somos seres sociales, con necesidades sociales, solo podemos llegar a un desarrollo pleno de nuestras capacidades con la presencia de los otros, nos complementan.
La falta de afecto, la falta de compromiso y la sensación de sentirte solo ante la adversidad provocan muchas enfermedades que achacamos a otras cuestiones más aceptadas socialmente. No solo la baja autoestima, los miedos al fracaso o la dificultad a la hora de tomar decisiones son consecuencia de una escasa o mal entendida vida social sino que los desordenes alimenticios, la depresión, el estrés y los trastornos digestivos también vienen marcados por la necesidad de un contacto de calidad con los que nos rodean.

¿Cuándo fue la última vez que sentiste un abrazo?